lunes, 19 de junio de 2017

Certificado ECOEMBES

Hemos recibido la visita del representante de Ecoembes para certificar la participación del instituto en el programa " EDUCAENECO", con ello el Centro recibe el sello de Centro qure cuida el Medio Ambiente a través del Reciclaje

 



martes, 6 de junio de 2017

Selfies Contra La Basura

Los selfies parecen representar la máxima expresión del exhibicionismo y el individualismo. Ese es el análisis más habitual. Pero cuando el telón de fondo del autorretrato es un vertedero, esas ideas preconcebidas tienen que revisarse. Fatoumata Chérif ha descubierto en Guinea que los selfies tienen un lado reivindicativo y que, incluso, pueden generar cambios. Los autorretratos le han permitido denunciar la acumulación de basura en las calles de Conakry. Casualmente, esta iniciativa ha coincidido en el tiempo con otras similares en Costa de Marfil y en la República Democrática del Congo.
La recogida de residuos y la canalización de las aguas son algunos de los problemas recurrentes en los entornos urbanos del continente. La movilización ha empezado a mejorar uno de los aspectos más cotidianos de la vida de los habitantes de tres populosas ciudades africanas.
Fatoumata Chérif comenzó a fotografiarse rodeada de desperdicios en las calles de la capital guineana, de una manera casi inocente. "La campaña #SelfieDéchets”, explica la joven activista y consultora de comunicación digital, "nació de la constatación del estado de insalubridad en el que ha caído Conakry, que desde hace un tiempo empieza a ser considerada 'ciudad basura'. Me sentí afectada, como activista y como joven implicada en el desarrollo sostenible. Consideré que mi deber era actuar, intervenir para cambiar la situación y restablecer la imagen de una ciudad a la que quiero. Los selfies se me ocurrieron como una herramienta para llamar la atención, para lanzar la voz de alerta, porque en las redes sociales se encuentra una cantidad importante de los jóvenes".


La motivación que plantea Chérif se parece mucho a la que expresa Tentative Jahboy, un promotor musical que ha utilizado su familiaridad con las redes sociales para lanzar #SauvonsKoumassi. Esta campaña intenta cambiar las condiciones de vida de los vecinos de la comuna de Koumassi en Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil. Tentative Jahboy se queja de que no hay conducciones de agua en uno de los sectores más importantes de la ciudad y que los residentes no reciben un servicio que considera básico y que deberían prestar las autoridades. Empezó a compartir vídeos y fotografías de las enormes balsas que se crean en cuanto llueve y puso de manifiesto cómo estos tremendos charcos acaban generando problemas de salubridad, cuando las aguas estancadas se mezclan con los desperdicios. “El problema es que las canalizaciones están atascadas por la suciedad, la arena y la falta de mantenimiento”, señala el promotor musical.


"La idea que hay detrás de la iniciativa es demostrar que para recuperar la limpieza de la capital debemos actuar todos juntos. Autoridades y ciudadanos deben ir de la mano para conseguir los mejores resultados. Al fin y al cabo, el medio ambiente es una de las pocas cosas que compartimos", señala la impulsora de la iniciativa guineana. Para los militantes de Lucha, la campaña en Kinshasa ha ido subiendo escalones. Bienvenu Matumo explica que primero fue la sensibilización de los ciudadanos a través de los medios sociales, pero que, ante la falta de reacción de las autoridades, iniciaron las movilizaciones en las calles. Sentadas frente al Ayuntamiento de la capital congoleña y ante otras instancias políticas se han desarrollado paralelamente a las acciones colectivas de limpieza, con un resultado que los impulsores consideran satisfactorio. "Las consecuencias de la insalubridad no eligen a sus víctimas, las inundaciones, las enfermedades...", apunta Matumo.

EL PAIS

jueves, 1 de junio de 2017

Siete claves para el turismo sostenible

Siete claves para ser un viajero verde el Año del Turismo Sostenible

 
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Ya es un asunto mundial: el 2017 fue declarado Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo por la ONU. Y con razón: en el 2015 hubo casi 1.200 millones de viajeros internacionales, un dato que muestra un aumento más que considerable en comparación con los 674 millones del 2000. Y para el 2030 se espera que la cifra llegue a los 1.800 millones.
En pocas palabras, ese número quiere decir que hoy, aproximadamente una de cada siete personas en el mundo viaja. Es un hecho positivo para las economías de los países de destino, pero que podría tener consecuencias para el medioambiente, pues el turismo puede llegar a ser una actividad altamente contaminante. Según la Organización Mundial del Turismo, esta industria es responsable del 5 por ciento de las emisiones mundiales de CO2. Por eso, aquí van algunos datos para que a la hora de viajar, logre una mejor armonía con el planeta.
1. Borrar las huellas
El traslado de un lado a otro es una de las actividades que más CO2 generan. Según The International Council on Clean Transportation, siempre será más amigable con el medioambiente transportarse en grupo y usar vehículos híbridos preferiblemente. “Hay varias aplicaciones y plataformas de internet que permiten ahorrar recursos durante el viaje. Cuando viajan varias personas, la idea es que no todos usen sus propios carros. Así se ahorra combustible y se contamina menos”, dice Felipe Sasso, periodista del sitio especializado VeoVerde. 

Una de las apps para trasportes compartidos en Colombia es tripda.com.co.

Los aviones queman una enorme cantidad de combustible, especialmente durante el despegue y el aterrizaje. Por eso mismo, es mejor tomar unas vacaciones más largas antes que varias cortas, y procurar tomar vuelos directos. Luego de realizado el viaje, hay maneras de compensar la huella de carbono. El costo ambiental de cada viaje puede calcularse en sitios como CarbonFund.orgCarbonFootPrint.com y SustainableTravel.org, para luego donar el dinero equivalente a proyectos de reforestación y energía renovable.
2. Visitantes, no habitantes
Nunca hay que olvidar que al viajar uno es visitante y no habitante, por lo que siempre hay que estar consciente de honrar las costumbres locales. “Debemos tener conciencia de las comunidades rurales o indígenas, que mi presencia no estorbe o incomode la suya”, dice Felipe Sasso, de VeoVerde. En el caso de los viajes por la naturaleza, la consigna debiera ser dejar todo tal cual está. 

“Hay que dejar las cosas que te encuentras, como vestigios arqueológicos o animales fosilizados. Hay que respetar lo que está ahí. Es parte de un equilibrio”, dice Cristian Carrasco, de Greenpeace. Agrega que hay que minimizar el impacto de las fogatas, caminar siempre por senderos habilitados y, obviamente, llevarse toda la basura.

Otra sugerencia es no apoyar ‘tours’ que prometen encuentros cercanos con animales salvajes, como paseos en elefante o caminatas con tigres. Esto favorece una industria que captura ilegalmente y abusa de millones de animales al año.
3. El auge de los ‘ecotours’
Hay agencias comprometidas con hacer viajes que sean social y ambientalmente responsables. Que la empresa escogida para gestionar su viaje sea miembro de la organización The International Ecotourism Society (EcoTourism.org) puede servir como guía.

Intrepid Travel (IntrepidTravel.com) ofrece más de mil ‘tours’ grupales al año, completamente carbono neutrales. Y organizaciones como The Nature Conservancy (Nature.org) también organizan viajes sustentables en áreas naturales por todo el mundo.

Si no contrata un ‘tour’ y quiere recorrer una ciudad, lo primero sería caminar, luego andar en bicicleta y después tomar el transporte público. Una buena opción son los ‘free walking tours’ o visitas guiadas a pie, que ya son tendencia en las capitales mundiales.

Un dato extra: si no sabe cómo elegir el destino al que quiere ir, la organización sin ánimo de lucro Ethical Traveler (EthicalTraveler.org) hace un escalafón anual de destinos según sus estándares de protección ambiental y bienestar social. Quizá le den una mano en su elección.
4. Lo local manda
No es poco frecuente que un viajero en otro país prefiera comer hamburguesas antes que probar el plato típico local. Además de conocer la cultura y contribuir a la economía de las personas, consumir productos regionales generalmente significa que no hay transporte de por medio y que también hay menos empaquetamiento. Comprar alimentos que crecen localmente ayuda también a mantener las tierras de cultivo y las áreas verdes.

Por eso, hay que estar atentos y fijarse en la procedencia cada cosa. Lo mismo con los restaurantes: lo ideal es priorizar aquellos que trabajen con productores locales. En caso de tener cocina en el hostal, se recomienda comprar en mercados de agricultores o pescadores.

“La idea es consumir productos locales, ver dónde está la señora que tiene la huerta y te puede vender papas y verduras, la que vende queso, mermeladas, pan, etc.”, dice Cristian Carrasco, coordinador de voluntariado de Greenpeace.
5. Menos papel
Una de las formas de reciclaje más comunes, la del papel, suele quedar en el olvido mientras se viaja. Por eso es importante siempre evitar imprimir tiquetes de aviones, trenes o reservas de hoteles que puedan reemplazarse por ‘e-tickets’.

Además, suele ser común sacar folletos informativos o mapas en lugares como museos, tiendas y oficinas de turismo. Una actitud recomendable sería devolverlos una vez usados o dejarlos en un lugar donde puedan ser de ayuda para otro turista más. En resumen, tener presentes las tres “R”: reducir, reutilizar y reciclar.
6. Adiós al plástico
Según el Pacific Institute, un equivalente a 17 millones de barriles de petróleo se necesitó en el 2006 para producir las botellas de plástico consumidas por los estadounidenses. Además, se requirieron tres litros de agua para producir uno de agua embotellada.

Las botellas de agua siempre han sido buenas compañeras en los viajes, pero la actitud más recomendable es olvidarse de las que venden en quioscos y supermercados, y siempre andar trayendo una reutilizable para rellenarla con agua potable. 

“Hay que tratar de ser muy eficiente con los objetos que se van utilizando; tratar de reutilizar todo en el viaje. De repente la gente, por comodidad, tanto en un hotel como en un ‘camping’, va utilizando objetos desechables, de plástico, que se usan una vez y luego se botan”, dice el periodista Felipe Sasso, de VeoVerde.

En la misma línea, puede ser inteligente andar siempre con una mochila o bolsa reutilizable para guardar ‘souvenirs’ y no tener que usar las bolsas plásticas de cada tienda.
7. No solo el hotel es responsable
Los hoteles se preocupan cada vez más de implementar iniciativas respetuosas del medioambiente, pero cada vez más hostales y ‘lodges’ se adjudican la palabra ‘eco’ sin hacer mucho al respecto. Entonces, ¿cómo identificar a los que sí cumplen?

Que usen energías limpias –como paneles solares o turbinas eólicas–, que reciclen y tengan contenedores para ello en las habitaciones, que tengan sistemas de ahorro de agua y eficiencia energética y que hagan abono con los residuos de la cocina son aspectos decisivos.

Un estudio del 2006 mostró que un 75 por ciento del impacto ambiental de un hotel está relacionado directamente con el consumo excesivo. Por eso, además de elegir un hotel ‘eco-friendly’, es importante como huésped disminuir el impacto con algunas actitudes: reducir el lavado de toallas y sábanas, apagar las luces y el aire acondicionado al salir, tomar duchas cortas –y no baños en tinas–, cerrar las cortinas durante el día para evitar que entre el calor y no usar la lavandería del hotel –generalmente lavan la ropa de cada huésped por separado– son algunos detalles que pueden hacer la diferencia.

Trump se retira del Acuerdo de Paris

La calentura del magnate

Si el presidente estadounidense se retira del Acuerdo de París, no solo pondrá en riesgo al mundo, sino también a su propio país, a sus votantes, a sí mismo

Donald Trump está a punto de consumar lo que, a mis ojos, es la decisión más grave y acaso terrible de su turbulenta gestión: retirarse del Acuerdo de París, ese instrumento de la política internacional que costó tanto esfuerzo, tantas idas y venidas, tantas dudas y sustos. Ese protocolo que no será perfecto, pero que pone al mundo entero –incluyendo a sus votantes de Kentucky– al menos alerta frente a un problemón.
La lucha contra los efectos del calentamiento global provocado por la acción humana tiene allí una posibilidad, pálida si se quiere, pero real. La que es posible en este momento, la que se podrá –siempre a duras penas– mejorar en las próximas Conferencias de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (las tormentosas COPs). Es nuestro frágil pasaporte para el futuro.
El díscolo presidente norteamericano está a punto de pegarle una patada al documento apoyado en algunos argumentos absurdos, que ha repetido desde que era un inesperado candidato. Entre ellos, que todo esto es un invento de China, la sombra económica de Estados Unidos, que seguramente maquinó esto desde hace décadas haciendo lobby con la ciencia, con unos 190 países más, para venderle humo al conjunto del planeta.
La retirada de cualquier país, por pequeño y modesto que sea, es una herida a esta puja global para que la temperatura no nos asfixie e inunde en los próximos años, si es que no lo está haciendo ya. Pero la retirada del segundo emisor mundial de Gases de Efecto Invernadero (GEI) es un golpe bajo a este proceso crucial de la política mundial, a los ecosistemas, y al propio gran país, que no será ajeno a los efectos del fenómeno.
Estados Unidos, según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), emite un 14,4% de los GEI globales, después de China, que lanza el 25,36% de los gases que rondan por la atmósfera terrestre. El Acuerdo de París puede seguir funcionando sin EE UU (la retirada efectiva demorará unos tres años), lo que no es seguro es que la Tierra, vista en perspectiva climática, digiera fácilmente esto.
Las noticias sobre las alteraciones del clima pueden ser en ocasiones tremendistas o simplistas, pero, aún así, el consenso científico es creciente, ya indudable sobre la realidad pura y dura del calentamiento global. La Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha informado de que el 2016 podría ser el año más caliente de los dos últimos siglos, un dato que no parece moverle ni un pelo a Trump.
Hasta se anuncian renuncias en este organismo si el presidente se retira del acuerdo, lo que, por no escasa añadidura, lo aislaría todavía más en la escena contemporánea, en la medida que, por si no se ha enterado, el cambio climático es hoy una de las grandes claves de la política internacional. No es casual que Ángela Merkel se haya mostrado harto insatisfecha después de tratar este tema con él en la cumbre del G-7.
Lo peor de todo –y es quizás algo que en los profusos análisis sobre EE UU no se ha pulseado, debido a que se pone más acento en lo comercial- es que es en este tema donde existe un mayor y más penoso consenso al interior del Partido Republicano. Siempre habrá un John McCainn, que se opondrá a los arrebatos bélicos de Trump, u otro senador o representante que tenga una opinión matizada sobre la inmigración.
En este asunto, sin embargo, tan fundamental, la mayoría es casi cerrada, hasta el punto de que cuando Barack Obama puso en marcha sus políticas ambientales 28 estados de los republicanos querellaron a la Agencia de Protección Ambiental(EPA, por sus siglas en inglés), porque supuestamente el mandatario se excedió en sus funciones. ¿Quién los lideró? Pues Scott Pruitt, el actual director de ese organismo federal tan importante.
Trump y Pruitt son unos negacionistas del cambio climático, lo mismo que Ted Cruz, ex precandidato, y otros varios políticos del ala derechista más tremebunda. El magnate en esto sufre una especie de fiebre, de calentura; sostiene que los ecologistas están desatados, y que para hacer a América "grande otra vez", económicamente fuerte, tiene que afirmar la idea de que el calentamiento global es, literalmente, un "cuento chino".
Políticamente se puede hacer. Digamos que, como mandatario, él y sus seguidores, poderosos o discretos, pueden direccionar la política norteamericana de ese modo tan descaminado. Pero lo que a la vez no se debe hacer es olvidar que en EE UU hay un fuerte contingente de ciudadanos, y de científicos, que saben que la locura climática del planeta no es un desvarío montado por activistas o académicos rebuscados.


La ciencia existe, ya se ha pronunciado. Con cautela, aunque con claridad, vía el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), e incluso en la calle, durante una marcha el pasado 28 de abril que pretendía decirle a Trump que pare sus extravíos. Un cartel de esta movilización decía "Los hechos importan", y eso es justamente lo que se comienza a ningunear dramáticamente en la Casa Blanca.
EL PAÍS: Ramiro Escobar es periodista y profesor universitario peruano. Enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

lunes, 15 de mayo de 2017

Groß-Umstadt

Groß-Umstadt 7 al 13 de Mayo 2017

Una semana sostenible y apasionante
















De trabajo en grupo, con puestas en común, talleres, world caféy la evaluación final
















Excursiones a una granja sostenible con unas vacas muy comilonas y
Darmstadt y su arquitectura modernista










Y pic-nic final


Muchas emociones y felices de haber participado en este proyecto.